Recuerdos de una madrugada a la orilla del mundo

Que lástima que no tengamos la posibilidad de salirnos de nuestro cuerpo, de dejar al lado por un instante a nuestra mente y a nuestros sentimientos. Eso que llamaríamos: desnudarnos por completo. Sobretodo en momentos como éstos en los que no tenemos fuerzas ni ganas de pensar, ni de sentir, ni de ser, ni de estar (momentos en los que podríamos ser tanto un árbol o una flor, como un semáforo en el medio de una avenida).  Continue reading